A las 3 de la mañana nadie finge.
La hora después de la fiesta, cuando la música todavía se cuela por la pared y nadie va a volver. Teléfono al uno por ciento. Yo también.
Antes pensaba que era la hora más solitaria. Ahora creo que es la más honesta. Nadie actúa para nadie. El rímel está donde terminó.
No viene nadie. Por una vez, está bien.